miércoles, agosto 22, 2018

Letras afiladas


            No hay nada que haga más daño que aquello que no existe. Al final aquello capaz de reducirnos a escombros ni si quiera tiene forma física. Hace más daño una mentira dirigida al corazón, que un cuchillo rebanando el pescuezo.
Y es que somos así, construimos grandes edificios cimentados en mentiras solo para lucir más hermosos, por aparentar más que los demás. Y no hay nada que más odie que aquello que es capaz de dañarme.
Odio esos te quiero que se quedan a medias. Los que no se completan ni se acaban con un punto final. Los que suelen ir acompañados por condicionantes u otras palabras que dejan ese te quiero fuera del núcleo principal de la oración.
Odio esos te amo que no son capaces de acelerar el corazón hasta darte taquicardias. Los que no son capaces de erizar el vello o removerte el estómago.
Odio toda promesa vacía, carente de verdad. Que luce brillante, hermosa y magnífica cual espejismo en un desierto, pero cuando llega la hora de la verdad te deja igual de seca la boca que el desierto, con un sabor de amargura y decepción.
Odio ser un número como cualquier otro. Un suceso más de una ristra infinita de engranajes que hace funcionar la fría maquinaria de la sociedad.
Y es que yo, tengo un nombre propio, un nombre humano y una palabra propia que me define en todos mis aspectos. Y es que soy un ser dinámico, que busca crecer, superarse y sobrevivir a esta telaraña de mentiras y desilusión que en ocasiones, suele ser la vida.

domingo, abril 15, 2018

Tu recuerdo




            Tiempo ha pasado, desde que me diste de lado
Pero aún tu aroma no me he quitado.
Y los recuerdos, rapaces, destrozan mi mente,
bajo mi mirada atenta, cual cómplice silencioso que mira y consiente.
Pues son estos momentos los únicos en los que puedo devolverte a mi vida,
Porque aún que ya no estés, sigues presente.

Me miro al espejo, bajo el prisma de la desnudez de un niño
Y contemplo las heridas que me has dejado,
junto con las otras que el amor me ha brindado.
Toco impaciente esa cicatriz, tu cicatriz,
 la muesca de que una vez fui tuyo, de que te lo di todo pero que no fue suficiente.
Pues jamás supiste que es lo que querías, porqué me consumías.

Aparto los dedos temblorosos y observo mi cuerpo magullado,
Lleno de todas esas heridas de haber dado demasiado.
Siento el frío de tu ausencia, del fantasma del amor que se antoja escurridizo,
Cubriendo mis huesos y mi piel, entrando hasta el último pasadizo.
Conozco esa sensación. No es algo nuevo.

Te vuelvo a mirar una vez más, tan hermosa, tan fría,
Antes de apartarme del espejo del recuerdo, y seguir hacia delante
A seguir librando las batallas, que solo un loco soñador se atrevería,
Por el amor, lo único que una guerra valdría.

martes, febrero 13, 2018

Hacia adelante






            Mirar atrás nunca fue una opción.

Caminar hacia delante, aunque no se sepa el camino,
avanzar, aunque se esté herido,
vivir, aunque no se vea el sentido.

Y quizá así tal vez,
y solo tal vez,
se pueda aprender de la experiencia
puesto que lo importante no es el camino,
si no el haberlo recorrido.