Mostrando entradas con la etiqueta Cazacambiados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cazacambiados. Mostrar todas las entradas

sábado, febrero 13, 2016

Sangre, sudor y confetti



Fue gracioso lo que pasó ese año por las fechas. Gracioso si tienes el mismo sentido del humor negro que yo, si dejas pasar el tiempo suficiente para que puedas reírte de las cosas y puedas mirarlo con perspectiva. De lo contrario es una puta mierda graciosa de la que ni acordarse. Pero es inevitable que piense en aquel carnaval. El primero desde que pasó el incidente que lo cambió todo.
Hacía unos meses que había estado operativo cazando a la escoria cambiada. Meses atrás mi vida había dado un giro radical cuando descubrí que mi churri me había estado engañando con otro. No sé cómo no pude olerme nada, porque realmente aquello olía de lejos y fatal. Pero ahora es algo que no quiero recordar. Volviendo a lo que nos atañe, eran fechas señaladas para la ciudad. Se acercaban los carnavales, una de las fiestas clave para todos. Y yo tenía trabajo que hacer. Algo divertido y probablemente peligroso. Así era mi nuevo trabajo, siempre aleatorio cuanto menos. No es una queja aunque lo pueda parecer. Compréndeme, no soy la típica nenaza lloriqueando por todo, lo comento como algo objetivo. Mi nueva vida era menos monótona pero implicaba unos riesgos. Y no sólo por parte de los cambiados. La poli llevaba unas semanas detrás de mí pero no es momento de hablar de esto tampoco.
Todo empezó un día normal cerca de esta festividad. Recibí un correo de una empresaria de la ciudad, que me pedía justicia. Uno de sus hombres había matado a varios trabajadores en la fábrica antes de huir y la pasma no parecía muy eficaz en dar con el sospechoso. Tenía vía libre para propasarme en mis funciones y además pagaba bien. No necesitaba hacer más preguntas. ¿Sinceramente? Ni me importaban. Recibí una foto por mail del sujeto al que tenía que cazar y me pagó la mitad del dinero por adelantado. Sí, lo sé, debería haberme puesto a buscar en cuanto me llegó el encargo pero soy un hombre de gustos exquisitos. Me compré una tele de plasma. De estás que son tan grandes como piscinas y que se ven hasta las canas a los actores. Y claro, tenía una cuenta pendiente con esa serie de abogados que dejé de seguir hace tiempo. También le debía a mi estómago un par de mierdas sabrosas: pizzas, hamburguesas, pollo frito, kebab… todo lo que podía encargar y zampar fue desfilando por mi casa esos dos días. ¿O fue una semana lo que me ausenté? Para mi desgracia el dinero se acabó igual que llegó y no fui lo suficientemente listo como para cobrarla por días. Así que tocaba moverse.
El carnaval había comenzado y eso hacía más fácil camuflarme entre la gente. Me había creado un traje para trabajar. Mi madre dijo cuándo lo vio por primera vez que si era un friki japonés de esos. No era mi intención, desde luego. Pero era lo que tenía por ahora y si tengo que sincerarme, me gusta marcar el paquete. Hacía meses que no follaba y era lo más cercano que iba a arrimarla en todo el día. El problema como descubrí después es que tampoco tiene mucho margen para animarse. El carnaval sacó los disfraces de putillos/as de todos los sex-shop de la ciudad. O eso me pareció aquél día. No tardé demasiado en llamar la atención más de lo esperado y tuve que dejar la búsqueda sigilosa ese día. Me mezclé con la gente, con el ambiente, la fiesta, el alcohol… dejémoslo en que mezcle demasiado.
La clienta llamó el día de resaca. Enfadada, con razón. Le habían comunicado que el sujeto tenía planeado irse de la ciudad. Tenía dos días antes de que rescindiera el contrato. Y necesitaba el dinero. Había gastado de más en la tarjeta de crédito pero hay reconocer que la ducha de hidromasaje era completamente necesaria para poder pensar bien en como satisfacer a mis clientes. Por suerte su contacto también le había dicho donde vivía la presa. Me preocupé tanto que contrarrestó el alcohol que aún quedaba en el cuerpo. ¿Habría contratado a alguien más? ¿Hay más personas que se dedican a lo mismo que yo? Tenía que resolver aquello cuanto antes. Me puse unas gafas de sol para disimular las ojeras y me lancé en su búsqueda.
Esperé en el coche en la puerta de la supuesta vivienda. Aún era temprano pero eso no evitaba que para algunas personas aún estuvieran celebrando la fiesta de la noche pasada. Distracciones de más, disfraces de menos. En lo que veía aquellas telas tan bien ajustadas y tan escasas bailar y danzar por cuerpos ajenos, me preguntaba que habilidad tendría la persona que tenía que cazar. ¿Lanzaría bolas de fuego? ¿Rayos de hielo? Ojalá pudiera servir café guiñando un ojo. Hubiera matado por un café en ese momento. Por suerte no me hizo matar a nadie. Salió al poco tiempo. Parecía un tipo normal y corriente. Un pringado imberbe que aún se mete el dedo en la nariz cuando nadie le ve. Me preguntaba cómo habría matado semejante geek a nadie. Hasta que pasó por delante del grupo de fiesteros con trapitos y mis dudas se multiplicaron. ¿Cómo alguien podía matar a otro ser humano con la única habilidad de lanzar confeti con sus manos? ¿Acaso era algo posible? Me reí confiado saliendo del coche.
-Tu, la piñata con patas. Ven a que te ahostie un poco. Quiero ver que más regalos hay en tu interior.
No elegí bien las palabras. Quizá fuera el alcohol del día anterior, o el exceso de confianza pero el friki se lanzó a por mí como las serpientes sacan y muerden a sus presas. Cuando me di cuenta lo tenía demasiado cerca. Empezó a echar confeti por todos los lados. Al principio eran de todos los colores. Pero poco podía ver. Hasta que sentí el golpe en mis zonas más nobles. Entendí en aquel preciso momento a no volverme a hacer un traje marcando paquete. Abrí la boca de dolor para gritar. Grave error. El tipo me metió la mano en la boca y empezó inyectarme sus papelitos intentando ahogarme. Intenté morderle la mano pero tenía la boca tan llena de la brillantina festiva que me era imposible hacerlo. Empezaba a quedarme sin oxígeno, notaba como empezaban a caerme mocos llenos de su habilidad cambiada. Por suerte para mí era bastante más fuerte que él. Cogí su brazo y se lo partí, apartándolo de mi lado. Tosí varias veces brillantina, me sentí uno de esos ponis de cartón que golpeábamos de pequeño en la fiesta de cumpleaños de Eduardo. El cambiado se retorcía de dolor al lado de mi coche lleno de su sucio y poco divertido confeti. Cuando estuve mejor me sentí en la obligación de devolverle algo de mí por todos esos papelitos que me hizo tragar. Una buena dosis de puños y patadas hicieron sentirme mejor y en paz con la justicia, al ver que mi cuerpo de colorines estaba casi igual de mal que su cuerpo ensangrentado.
El resto es rutina. Lleve la presa, cobré y final feliz. Al menos para mí. Aunque el sabor festivo me estuvo acompañando durante varios días como si de cereales en el desayuno se tratara.

domingo, enero 17, 2016

Tufillos de ayer



La vida normal es aburrida. Sí, lo sé. Eso de madrugar, coger el metro, ir a trabajar y toda esa mierda que suele hacer la gente simple es un verdadero coñazo. No nos engañemos. Yo una vez fui así. Normal. Pero entonces pasó aquel incidente. Aún hoy en día no se sabe muy bien como ocurrió, ni las circunstancias por las cuales nos encontramos en esta situación pero solo los perdedores piensan en el pasado y sus derrotas. Hay que mirar al futuro. Siempre.
            Algunos dicen que fue la radiación de una central nuclear cercana. Otros se atreven a llamarlo evolución. Profecías, señales, elegidos… muchos se alzaron poseedores de la verdad. Patrañas. Una forma graciosa de pasar el tiempo y reírse del pasado. La cuestión es que algo cambió en la ciudad. Se empezaron a ver poderes. Gente que hasta entonces había sido normal comenzó a hacer cosas extraordinarias. Y no hablo de las mierdas esas que te llevan a ganar algún premio de cerebrito. No, no. Digo cosas que harían temblar a cualquier gobierno con dos dedos de frente. Gente lanzando bolas de fuego, atravesando paredes, congelando edificios enteros pero también había gente que no tenía cosas tan molonas. Hubo gente que su mayor logro fue desarrollar branquias, poder doblar las piernas y girarlas a modo de rueda o ladrar comunicándose así con los perros. Pero a los perros no suele gustarle que un humano hable a ladridos.
            Muchas cosas han ido pasando desde entonces y la vida de personas normales también fue cambiando al convivir con la gente cambiada. La mía fue una de esas vidas. Antes de todo tenía un trabajo normal, vivía con mi pareja y mi madre conservaba su lengua humana. Pero al tiempo de pasar aquello todo cambió. Un día volviendo del trabajo mi chica fue víctima de un cambiado. Un cambiado cuyo poder, su única y especial habilidad era la de apestar. Apestar como una puta mofeta gigante. El olor hizo que mi chica se desmayara y no pudiera defenderse. En cuanto me enteré entré en cólera. ¡Cómo para no joder! ¡Una puta mofeta gigante había abusado de mi chica! Fui a por individuo tan repelente y cuando di con él… me pasó lo mismo que a ella. No pude sentarme en un par de días. Es algo que me lleno de odio y rabia. Entrené desde aquello, dejé el trabajo y me dediqué a machacarme en el gimnasio para poder vencer al agresor anal.
            Al cabo de unos meses me veía listo. Había dejado a un lado a la familia, amigos, la novia y el curro, pero me veía listo para dar con esa escoria cambiada y darle el baño de ostias que se merecía. Le busqué en los sitios más asquerosos, esta vez llevaba una máscara y un caramelito que da buen sabor de boca. Cuando lo encontré no pude creerme la escena que me encontré. El jodido hombre mofeta se estaba dando el lote con mi chica. ¡A plena luz del día! Debajo de aquel puente cerca del vertedero. No pude partirte la cara. La quería demasiado. No delante de mi churri. Ella me explico que desde entonces sólo podía pensar en el hombre mofeta, que se había enamorado de su olor y su forma sucia de amar. Sólo podía quitarme del medio.
            Mi sangre me hervía, necesitaba desfogarme. Así que comencé a darle palizas a todo cambiado que veía. Fue un día largo que casi me lleva al hospital. Pero aprendí gracias a un anuncio de la tele que pusieron mientras me recuperaba: La potencia sin control no sirve de nada. Me hice una página web y me puse a trabajar por encargos. Ganaba dinero dando caza a los cambiados. Curioso, ¿Verdad? Lo que no te mata te vuelve más extraño.