martes, enero 24, 2017

Libre



Quería que supieras   
que mi daño es algo que solo yo elijo.


Que me dejo mecer por tus empujones         
como si fueran viento que me coloca lejos de ti                  
porque todas mis puertas están abiertas                   
y yo soy libre


Que el odio                
es el disfraz de una piel, el reverso de un cuerpo,                
y desde otro lugar                  
tu cara se intuye del revés,                
perdida                      
y no hay nada peor que sentirse olvidado                
dentro de uno mismo.


Que tus intentos de quebrarme el paso                     
solo consiguieron hacerme pisar más fuerte,                       
y cuanto más lejos te colocas            
más cerca estoy de mí misma.


Que quisiste taparme los ojos           
y hundirme                
pero mi mirada está más cerca del mar                    
que de tu suelo.                     
Y te lo repito:            
soy libre.


Que solo aquel que entiende mi silencio                  
merece mi palabra,                
y tú hace tiempo que dejaste de comprender           
que lo que difiere entre un hogar                  
y un sitio al que volver                      
es la puerta abierta.               
Tu puerta cerrada                  
es la entrada de mi casa.


Que quisiste quitarme todo              
y te quedaste sin mí.


Que mi risa fue tu risa                       
y entonces nuestras lágrimas fueron una,                
pero dejaron de hablar el mismo idioma                  
cuando tus carcajadas            
fueron balas contra mi pena,             
cuando tu tristeza                  
arremetió ahogada contra mi alegría.


Que siempre colocaré la verdad                   
frente a mis huellas,              
que no daré respuesta            
a quien no acepta mis preguntas,                  
que no iré a aquel lugar                     
en el que no me reconozca,               
que no daré la mano              
al que me señala con el dedo.


Que nunca me perdiste:                    
dejaste que me marchara,                  
que es la peor forma de abandono.               
Para el que se queda.             
Y ese será tu mayor castigo.


Pero no,                     
no diré nada que enturbie mi paz,     
que moleste la duna calmada            
que reside mi conciencia.


Mejor me voy            
sin decir nada que no sea un espacio hueco             
-lo que te mereces: nada-,                 
porque irse en silencio hace más ruido                    
que cualquiera de tus quejas.


Y yo ya he pasado de canción.




"Libre. Poemario de Elvira Sastre"

miércoles, noviembre 30, 2016

El tesoro del ratoncito





            —Vamos, levántate Iván. Ya es la hora.
            María sabía que a su hijo de ocho años no le gustaba ir al dentista. Es más, le aterraba. Por eso había pedido el día libre en el trabajo, para acompañarle y quitarle los miedos. Recogió la colección de figuras de los Piratas del Caribe que tenía tiradas por la habitación y lo levantó. Iván refunfuñó un poco, pero se levantó a regañadientes.
            —¿Por qué no se ocupa el ratoncito Pérez esta vez? —Dijo Iván cruzándose de brazos.
            —Ya sabes que no puede ser. El ratoncito sólo se ocupa de los dientes que se caen, no de los que se ponen malos. — Respondió paciente María mientras ayudaba a su hijo a vestirse.
            —Pues que aprenda. No quiero ir.
            —Irás. Pero no te preocupes, será divertido.
            —¿Cómo puede ser divertido? — Respondió el niño con desconfianza
            —Piensa un momento. El ratoncito te roba los dientes caídos a cambio de dinero. ¿No es el ratoncito Pérez como un pirata del caribe?
            El niño se quedó pensativo un buen rato. Tiempo que aprovecharon para desayunar y salir a la calle. Tras agarrar la mano de su madre Iván la miró y afirmó convencido.
            —Sí. Lo es. Es el ratón pirata de los dientes. Nos roba mientras dormimos. Pero es un pirata bueno, y nos recompensa con parte del botín.
            María sonrió afirmando, había conseguido que su hijo no pensara en el médico. Ya estaban casi a mitad del camino. Pero Iván volvió a la carga acordándose que iban a ver al doctor maligno.
            —Pues yo quiero que el botín se lo quede el ratoncito. Es mejor pirata que el dentista. Ese no sabría qué hacer con el diente. Y no me dará una recompensa por él.
            —¿Y dónde crees que saquea el ratoncito su botín?
            —¿En el dentista?
            María afirmó. Luego señaló las calles abarcando con su movimiento toda la acera.
            —El capitán Pérez surca los mares de asfalto con su barco de ratones piratas en busca de su preciado botín: los dientes. Además, no sólo persigue lo que él llama “oro blanco”, también asalta a los dentistas robándoles las chuches y el dinero, para luego repartirlo entre todos nosotros.
            El niño la miró fascinado, parecía que incluso quería que le sacasen ese diente de leche que se había infectado por tomar demasiados dulces. Apretó fuerte la mano de su madre y echó a correr en dirección al médico. La mujer vio como el semáforo delante de ellos se ponía en rojo y frenó el avance del chico, rodeándolo con los brazos.
—Tranquilo grumete. Que pasan coches. ¿Ves? Está en rojo. ¿Sabes que para el capitán Pérez los coches son como sus tiburones? — Su hijo la miró sorprendido, volviendo la vista a los coches. —Así que ten cuidado cuando cruces, no vayas a caer en el agua.
Cuando estuvo el semáforo en verde Iván fue saltado por las diferentes rayas blancas del paso de cebra, no quería caer sobre el agua gris por temor a los tiburones de acero.
Al final entre risas y anécdotas llegaron a la entrada de la clínica dental. María miró a Iván y este le devolvió la mirada. Se notaba que ya no había miedo, ni temor. Iván sabía que, aunque doliera un poco, sería para ayudar a su amigo el ratoncito Pérez.
—¿Listo grumete?
—¡Listo!

martes, octubre 25, 2016

Me da lástima de las estrellas

Me da lástima de las estrellas
luciendo hace tanto tiempo,
hace tanto tiempo...
Me da lástima de ellas.

¿No habrá un cansancio
de las cosas,
de todas las cosas,
como de las piernas o de un brazo?

Un cansancio de existir,
de ser,
sólo de ser,
el ser triste brillar o sonreír...

¿No habrá, en fin,
para las cosas que son,
no la muerte, mas sí
otra suerte de fin,
o una gran razón—
cualquier cosa así
como un perdón?

"Me da lástima de las estrellas. Poemario de Fernando Pessoa"

lunes, octubre 24, 2016

Hora absurda

Tu silencio es una nave con todas las velas llenas...
Blandas, las brisas juegan en las flámulas, tu sonrisa...
Y tu sonrisa en tu silencio es la escalera y las andas
con que me finjo más alto y junto a cualquier paraíso...

Mi corazón es un ánfora que cae y que se quiebra...
Tu silencio lo recoge y quebrado lo arrincona...
Mi idea de ti es un cadáver que el mar trae a la playa..., y mientras tanto
tú eres la tela irreal en la que mi arte yerra el color...

Abre todas las puertas y que el viento barra la idea
que tenemos de que un humo perfuma de ocio los salones...
Mi alma es una caverna colmada por la marea alta,
y mi idea de soñarte una caravana de histriones...

Llueve oro mate, mas no en lo exterior... Es dentro de mí... Soy la Hora,
y la Hora es de asombros y toda ella escombros de ella misma...
En mi atención hay una viuda pobre que nunca llora...
En mi cielo interior nunca hubo una sola estrella..

Hoy el cielo es pesado como la idea de no llegar nunca a un puerto...
La lluvia menuda está vacía... La Hora sabe a haber sido...
¡Y no haber algo como lechos para las naves!...
Absorta en alienarse de sí, tu mirada es una plaga sin sentido...

Todas mis horas están hechas de jaspe negro,
mis ansias todas talladas en un mármol que no existe,
no es alegría ni dolor este dolor con el que me alegro,
y mi bondad inversa no es ni buena ni mala...

Los haces de los lictores se abrieron al borde de los caminos...
Los pendones de las victorias medievales no llegaron ni a las cruzadas...
Pusieron infolios útiles entre las piedras de las barricadas...
Y la hierba creció en las vías férreas con lozanía dañina...

¡Ah, qué vieja es esta hora!... ¡Y todas las naves partieron!
En la playa sólo un cabo muerto y unos restos de vela hablan
de lo Lejano, de las horas del Sur, de donde nuestros sueños sacan
aquella angustia de más soñar que hasta callan para sí...

El palacio está en ruinas... Duele ver en el parque el abandono
de la fuente sin surtidor... Nadie levanta la mirada del camino
y siente saudades de sí ante aquel lugar-otoño...
Este paisaje es un manuscrito con la frase más bella suprimida...

La loca partió todos los candelabros glabros,
ensució de humano el lago con cartas rasgadas, muchas...
Y mi alma es aquella luz que nunca más tendrán los candelabros...
¿Y qué quieren del lago aciago mis ansias, brisas fortuitas?...

¿Por qué me aflijo y me enfermo?... Se acuestan desnudas al claro de luna
todas las ninfas... Vino el sol y habían ya partido...
Tu silencio que me arrulla es la idea de naufragar,
y la idea de que tu voz suene a lira de un Apolo fingido...

Ya no hay colas de pavos todo ojos en los jardines de otrora...
Las propias sombras están más tristes... Aún
hay rastros de ropas de ayas (parece) en el suelo, y aún llora
un como eco de pasos por la alameda que velahí concluida...

Todos los ocasos se fundieron en mi alma...
Las hierbas de todos los prados fueron frescas bajo mis pies fríos...
Secó en tu mirada la idea de creerte calma,
y el ver yo eso en ti es como un puerto sin navíos...

Se irguieron al tiempo todos los remos... Por el oro de los trigales
pasó una saudade de no ser mar... Frente
a mi trono de alienación hay gestos con piedras raras...
Mi alma es una lámpara que se apagó y aún está caliente...

¡Ah, y tu silencio es un perfil de cúspide al sol!
Todas las princesas sintieron el seno oprimido...
De la última ventana del castillo sólo un girasol
se ve, y el soñar que hay otros pone brumas en nuestro sentido...

¡Ser, y no ser ya más!... ¡Oh leones nacidos en la jaula!...
Repicar de campanas hacia más allá, en el Otro Valle... ¿Cerca?...
Arde el colegio y un niño quedó encerrado en el aula...
¿Por qué no ha de ser el Norte el Sur?... ¿Qué es lo que está descubierto?...

Y yo deliro... De repente hago pausa en lo que pienso... Te miro
y tu silencio es una ceguera mía... Te miro y sueño...
Hay cosas rojas y cobrizas en el modo de meditarte,
y tu idea sabe a recuerdo del sabor de un espanto...

¿Para qué no sentir por ti desprecio? ¿Por qué no perderlo?...
Ah, deja que te ignore... Tu silencio es un abanico—
un abanico cerrado, un abanico que abierto sería tan bello, tan bello,
pero más bello es no abrirlo, para que la Hora no peque...

Se helaron todas las manos cruzadas sobre todos los pechos..
Se ajaron más flores de las que había en el jardín...
Mi manera de amarte es una catedral de silencios escogidos,
y mis sueños una escalera sin principio pero con fin...

Alguien va a entrar por la puerta... Se siente sonreír el aire...
Tejedoras viudas gozan las mortajas de vírgenes que tejen...
Ah, tu tedio es una estatua de una mujer que ha de venir,
el perfume que los crisantemos tendrían, si lo tuviesen...

Es preciso destruir el propósito de todos los puentes,
vestir de alienación los paisajes de todas las tierras,
enderezar por fuerza la curva de los horizontes,
y gemir por tener que vivir, como un ruido brusco de sierras...

¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!...
Saber que continuará habiendo el mismo mundo mañana—¡cómo nos entristece!...
Que mi oír tu silencio no sean nubes que contristen
tu sonrisa, ángel exiliado, y tu tedio, aureola negra...

Suave, como tener madre y hermanas, la tarde rica desciende...
No llueve ya, y el vasto cielo es una gran sonrisa imperfecta...
Mi conciencia de tener conciencia de ti es una prez,
y mi saberte sonriendo es una flor mustia en mi pecho...

¡Ah, si fuésemos dos figuras en una lejana vidriera!...
¡Ah, si fuésemos los dos colores de una bandera de gloria!...
Estatua acéfala retirada a un lado, polvorienta pila bautismal,
pendón de vencidos que tuviese escrito en el centro este lema ¡Victoria!

¿Qué es lo que me tortura?... Si hasta tu faz tranquila
sólo me llena de tedios y de opios de ocios temibles...
No sé... Yo soy un loco que extraña su propia alma...

Yo fui amado en efigie en un país más allá de los sueños...

"Hora Absurda. Poemario de Fernando Pessoa"