martes, noviembre 25, 2014

Reducción a la oscuridad

Quizá todo se resuma a eso.  Oscuridad. Lo único predominante en el universo. La fuerza más grande e insaciable que rige las vidas de nosotros, los mortales. Algo tan fuerte y potente que está en cada átomo, cada molécula de todos los seres vivos. Es aquello que nos empuja a hacer todo aquello que por naturaleza nos han programado. Todo lo que el ser humano considera como malo está empujado por una presión incontrolable que surge de cada individuo: matar, herir, traicionar, mentir, depredar, humillar, mutilar y extinguir. Todas ellas cualidades que se pueden encontrar dentro de la oscuridad.
            Es cierto que últimamente la oscuridad se ha hecho más fuerte. Cada vez las luces que nos señalan el camino son cada vez más efímeras, como aquellas que iluminan las noches humanas. Nos movemos por luces artificiales ante una predominante oscuridad. Y muchas veces nos creemos que esas luces son de verdad. Muchas veces intentamos emular a Ícaro sin recordar el final de su historia. Muchas veces no somos más que polillas, reducidas a polvo al alcanzar aquello que anhelamos.
            No hace mucho una buena amiga me dijo que no merece la pena sacrificio alguno por la colectividad. Qué la humanidad está condenada al fracaso, a la extinción, presa de su propia oscuridad. No quise creerla. No quise rendirme. Busqué, peleé para encontrar una solución al problema que se nos había planteado. Pero a día de hoy me doy cuenta de lo sabio de sus palabras. A día de hoy, soy receloso de seguir esa causa perdida.
            Cada vez más me cuesta resistirme a las tentadoras ofertas del lado oscuro. Mi instinto animal quiere dejar de estar domesticado. Clama libertad en la cárcel que yo le autoimpuse. Todo aquel castillo hermoso basado en sueños e ideales, que servía para encerrar aquello que temía, tiembla, como si de naipes estuviera hecho, ante la llamada del instinto más básico de mi humanidad. El instinto de oscuridad. Y cada vez tengo más ganas de abrir la puerta y dejar que todo sea destruido.
            Siento que aquello que creé se me quedó grande. La grandeza conlleva soledad. Y muchas veces la soledad hace escuchar los ecos de fantasmas del pasado, atormentándote por todo aquello que hiciste o dejaste de hacer. Soy consciente que llevo un camino de perdición. Hasta hace poco, no me disgustaba ir a contracorriente en aquello que pensaba justo. Aunque muchas veces el camino de la justicia es el camino de los perdedores, de las causas perdidas. Creo que quizá, va siendo hora de ponerse en el camino ganador por una vez. Es hora de demostrar por qué antes se era temido. De recordar por qué prefieres amansar a la bestia de tu interior antes que dejarla suelta.

            Quizá vaya siendo hora de asumir el papel que se me fue otorgado y dejar de luchar contra el destino una y otra vez. Quizá vaya siendo hora de consagrarse a la oscuridad, cerrar los ojos, y dejarse caer en las corrientes del tiempo. Quizá haya llegado la hora. 

viernes, octubre 24, 2014

Prueba de nuevo

            Patético mortal. Otra vez tu arrogancia vuelve a traerte a mí. ¿Cuándo dejarás de creer en los de tu raza? Sí, sabes que sí. Te incluyo dentro del paquete. ¿Te crees mejor? ¿Especial? ¿Qué has hecho para merecértelo? No... Hace tiempo que me rechazaste. ¿Recuerdas? Pensabas que podrías hacer frente tu solo. Pensabas que podrías beber de mí, que podrías aprender de mi forma de ser. Pero no es así. Cada vez vienes más apaleado, más hundido. ¿Sabes que estás al límite de que no me intereses? Sí, no pongas esa cara de circunstancia. Antes eras fuerte, decidido. Tenías cualidades que me interesaban a pesar de tus múltiples defectos. Pero en cambio ahora... ¿Qué tenemos aquí? ¿Un montón de trozos rotos? ¿Carne que apenas puede caminar sin dolor? ¿Una conciencia demasiado atormentada? Por favor, me decepcionas. Hasta yo tengo mi límite. Y estás muy cerca de alcanzarlo. Quizá por eso estés aquí, a las puertas de lo que fue mi tumba, esperando que regrese para salvarte. Patético y estúpido mortal. Intentaste matarme. Me venciste y me enterraste en lo más profundo de tu conciencia creyendo que podrías nutrirte de mí. Qué me podrías usar a tu antojo. Cuán errado estabas en tus pensamientos. Me das lástima. Me das pena. ¿Dónde está aquella persona que me derrotó? ¿Dónde está mi némesis, el ejecutor de mi condena? Te lo diré por si lo dudas: Roto. Está roto, atrapado en los añicos dispersos de un alma condenada. Perdido en un mar de oscuridad del que hace tiempo que perdió el norte. ¿Y sabes que te digo? ¡Qué me encanta! Jajajaja. ¿Pensabas que me iba a apenar de tu sufrimiento? ¿Pensabas que te iba a ayudar en tu dolor? No viejo amigo, no. Ambos nos conocemos. Y sabemos que si esto sigue así, la batalla se tornará a mi favor. ¡Sigue nutriéndote de oscuridad! Sigue tu dieta equilibrada de penas, agonías, problemas y sueños rotos. Sigue. Cuando te quieras dar cuenta estarás ahogado en el mar de lo más oscuro de tu ser, bebiendo todas esas cosas negativas que has acumulado. ¿Piensas que sobrevivirás a este año? Jajajaja, bobo iluso. Tragarás ponzoña hasta que mueras. ¿Y sabes que pasará entonces? No te necesitaré para regresar a la vida. Cuando mueras YO ocuparé tu reinado. Y créeme. No tendré piedad. Dirigiré tu vida como hace tiempo debiste encararla: con crueldad, con odio, apoyándote en la venganza. Todos esos sentimientos que evitas, son los que te dan poder. Los que te harán más fuerte. ¿Acaso no querías aprender de mí? No tuerzas el gesto, ¡no apartes la mirada! Y aprende. Aprende de una puta vez. Deja de pensar en cuentos de hadas, en la religión de los necios donde el esfuerzo, el amor o la amistad pueden salvar a un alma condenada como la tuya. Aprende que sin mí tú no eres nada. ¿Sigues pensando que puedes cambiar tu destino? ¿Crees que puedes evitar tu caída mucho más tiempo? Adelante, prueba otra vez. Pues no te doy ni 24 meses para que los pocos trozos salvables de ti acaben siendo pisoteados y destruidos. Y entonces estaré yo ahí, para aprovecharme de la carroña. Ahí estaré yo para transformar en gélido y mortífero cristal lo que una vez fue el reflejo del vidrio brillante de las historias para niños que leías de los humanos. Pero olvidaste una cosa con los años. Los cuentos, cuentos son. No eres un héroe, no ayudas a nadie. No puedes salvarlos a todos. De hecho, ni si quiera serás capaz de salvarte de ti mismo. Muajajajaja. Hasta la vista... perdedor. 

lunes, octubre 13, 2014

Queridos lectores

                   Siento mucho que el compromiso que tomé con vosotros a principios de año haya sido vulnerado. Pero dejar que os explique. He pasado una mala época en estos últimos meses. He pasado de tener mil ideas, a que todas se escapen de mi mente. De tener la ilusión de hacer algo grande, a que eso se haya esfumado como las hojas en otoño. Y mi salud ha empeorado. Este mismo verano he sido operado con desastroso resultado. Ahora vuelvo a la rutina de las clases y el tiempo escasea entre mis manos pero que sepáis que no os he olvidado. Sigo escribiendo con lo poco que me queda, pues las ganas de escribir no me las quitará nadie ni nada. Sigo buscando concursos y presentándome a ellos. También eso es la respuesta del porqué el cuento del detective hombre lobo ha desaparecido de aquí. He pensado que podía completarlo y creo que lo haré. Si llega a suceder os prometo que lo subiré entero y finalizado, pues no soy quien de privaros de un regalo que os hice
.              No todo ha sido excesivamente malo. He recibido la visita de amigos que están fuera, y he tenido el placer de viajar a San Sebastián para participar en el festival de cine como parte de uno de los jurados. He conocido a buena gente, y he disfrutado del poco tiempo del que he dispuesto. Por tanto, aunque la balanza esté más inclinada hacía un lado, no todo ha sido en vano. 
               Espero que a vosotros os haya ido mejor. Un fuerte abrazo y hasta la próxima vez que nos leamos. 

En la oscuridad

            Sólo en ciertas ocasiones somos conscientes de la oscuridad absurda que nos rodea. Nos atrapa y arrastra, nos golpea contra muchas cosas que ni si quiera vemos venir: No sabemos cuando seremos presa de nuestros miedos, cuando nos abordaran nuestras inquietudes, fantasías, inseguridades, sueños... ni tampoco cuando daremos rienda suelta a nuestras pasiones más profundas. Estamos tan ciegos que casi siempre ni vemos venir los golpes que nos da la vida.
           Y es que en este mar de oscuridad estamos solos. Solos y a la deriva, intentando buscar las pequeñas luces que nuestros faros individuales proyectan: sueños, esperanzas, planes de futuro... buscamos una isla del tesoro, aquella tierra prometida que sólo se encuentra en lo más profundo de nuestra mente, sin darnos cuenta que avanzamos sin rumbo fijo. Sin dirección, a merced del viento, a voluntad de las mareas y confiando en que el bote que intentamos gobernar pero del cual depende nuestra vida. Vivimos en un mar salvaje, confuso, donde nos cuesta distinguir el norte del sur, donde las noches sin estrellas gobiernan sobre nuestras cabezas y el tiempo, enrarecido nos engaña como espejismos en el desierto.
          Es en medio de todo este caos que nosotros, ilusos y ciegos ante la verdad, nos creemos con poder de decisión de nuestros actos, de nuestra vida. Apenas somos señores de nuestras acciones, presas muchas veces por pasiones y sentimientos ocultos de nuestro lado animal, que nos creemos tan altivos como para predecir el rumbo de nuestra vida. Somos tan arrogantes que creamos el concepto del tiempo, que pensamos que la vida gira entorno al espacio en el que nos movemos, y al tiempo que creamos. Cuándo la realidad, es bien distinta.
         Y es que no nos damos cuenta que estamos solos. Completamente solos rodeados de oscuridad. Sumergidos en un mar del que pensamos que podemos nadar. Vemos a nuestro alrededor, y a pesar de haber otros como nosotros, nos sentimos solos, abandonados a la deriva, obligados a cooperar siendo presas de nuestro egoísmo, del afán del hombre por dominar y destruir todo aquello que lo rodea, incluido a sus propios hermanos.En verdad no nos damos cuenta que el entorno es hostil de por sí. Que ya se encarga de destruirnos, que no necesitamos pelearnos entre nosotros para acabar con nuestra existencia. Pero quizá debiera ser el entorno el que debería darse cuenta que no debe ponernos demasiadas pruebas, a fin de cuenta somos presas de nuestra propia existencia. Y es así como seguimos remando en busca de algo que no existe más allá de nuestra propia imaginación.

domingo, agosto 31, 2014

Sobre los sacrificios

Es curioso cómo sin darnos cuenta, somos espectadores de la maldad y la crueldad  con la que funciona el mundo.  A estas alturas de la vida, nadie pone en duda que el mundo no está compuesto por personas buenas o malas. El mundo está compuesto por personas grises, y cada tono de gris es lo que nos hace diferente, pues puede haber grises parecidos, pero no iguales. Es el mundo, las circunstancias, y en menos medida nuestras propias decisiones, los que nos llevan a esas tonalidades de gris. A ser buenos o malos. Una persona "buena" puede cometer actos malos y una persona "mala" buenos. Es el destino, la vida, las circunstancias lo que mueve a la sociedad. A la vida en general.
            Miremos un poco conceptos primarios que tenemos en el ser humano. El concepto de héroe, por ejemplo. Se categoriza de héroes a personas que suelen haber hecho algo que les ha costado la vida. A sus buenas acciones en vida puede que nadie les haya prestado atención pero parece que el paso de la muerte las elevan y le convierten a ellos en héroes. Un bombero, un policía, un soldado que no haya muerto protegiendo a los demás no tiene esa categoría nunca. Un médico que salva vidas puede ser un médico nefasto e imprudente si no consigue salvar la vida de uno de sus pacientes. En cambio, si el médico se suicidara para que su paciente pudiera salvar la vida, sería un héroe. Por el contrario, el concepto de villano parece algo extinto. Difuminado en el tiempo y la fantasía. Pues esas personas que antes se llamaban villanos son las que hoy en día gobiernan con engaños y otros subterfugios, robando y aprovechándose de toda la gente que un día confiaron en ellos.
            Para más señas de que el mundo es un lugar hostil podemos ver el tema de los sacrificios. El mundo exige sacrificios. Sacrificios que suelen ser hecho por personas justas y buenas para que otras menos dignas puedan seguir con su vida. Y no hablo sólo de sacrificios en su máxima expresión, donde un individuo pierde la vida. También es un sacrificio hacer algo que no quieres para beneficiar a otro. ¿Cuántas personas se sacrifican a diario en trabajos que no les llenan para dar de comer a su familia? El mundo exige esos sentimientos positivos para satisfacer y contrarrestar sus propias ansias de maldad. Karma, lo llamarían algunos. En dónde el destino pone lo malo y nosotros acabamos poniendo lo bueno. Pocas personas conozco que les haya venido todo dado. Normalmente la historia es la misma, persona triunfadora que llega a donde está con esfuerzo, trabajo y sacrificio. Es verdad que a veces el momento adecuado, el lugar correcto y la suerte ayudan. Pero sólo con eso no te mantienes. Sin talento, ni trabajo duro la suerte, el momento y el lugar de poco importan.

            Está claro que en la vida no puedes salvar a todas las personas. Ni si quiera a aquellas que has cogido más aprecio. La vida es dura y te da a siempre a elegir cosas contradictorias y excluyentes. Si intentas salvarlos a todos, acabas fallándote a ti mismo, y eso implica perderte por caminos de los que quizá jamás vuelvas. En cambio si consigues salvarte primero, puedas salvar a alguno más con ese tiempo extra que le has ganado a la vida. Es una lección cruel, que he aprendido por las malas no hace mucho. Pero si aún así estas pensando en sacrificarte. En pasar a ser un héroe ánimo, piensa bien si tu sacrificio va a merecer la pena. 

miércoles, julio 30, 2014

Cereales

Era un día cualquiera en la vida del cereal transgénico criado en la cara oculta de Marte. Dónde los marcianos correteaban entre los cultivos, desnudos, verdes y hermosos. Los animales mataban salvajemente y el cereal crecía sin tener en cuenta las cosas que ocurrían en él.
            Trix-32R era lo que se podría llamar en la tierra simple y vulgar trigo. Pero en la cara oculta del plante rojo no todo es tan vulgar como en la tierra. El Trix-32R junto con sus hermanos transgénico Trix-33R y las porciones Trix-34R y Trix 34T habían hecho estragos en los ricos nitratos del suelo de Marte, cogiendo así diversas cualidades un tanto insólitas. Por ejemplo el Trix-33R cuando veía alguna de las lunas que orbitaban en Saturno comenzaba a cantarles baladas de amor. Los Trix-34 hacían partidas de poker clandestino, desnudando en ocasiones, a los incautos que se atrevían a apostarse algo con un cereal. Por todas estas cosas, y por las que hemos decidido omitir, los encargados de la plantación decidieron que había llegado la hora de recoger los frutos. Los cereales, claro está, tenían una opinión muy diferente al respecto. Opusieron una feroz resistencia. El primero en caer fue Trix-33R. A causa de su extraño gusto por las lunas de Santurno, en mitad de una pelea con los agricultores no pudo evitar recitar unos versos a Helena y Dione, que brillaban esa noche en el cielo del planeta rojo. Los Trix-34 mataron a unos cuantos, sobornaron a otros con lo que habían sacado de las partidas de poker, antes de que les llegara su turno. Y así, todos y cada uno de los Trix fueron ejecutados y elaborados en ricos y nutritivos cereales de desayuno.
            La historia que contamos a continuación es la historia de uno de estos Trix, convertido y envasado en cereal de desayuno, el cual desarrolló conciencia propia dentro de su caja. La cual... por circunstancias y errores marcianos... fue a parar a un pequeño supermercado de una localidad española. El Trix en cuestión era el llamado Trix-32R, cuya habilidad adquirida durante su fase de cultivo fue el teletransporte. Pero volvemos al supermercado de origen alemán dónde una mañana cualquiera una chica pequeña y su madre compraban despreocupadamente la comida del mes. Moratoria de ojos azules como el mar y cabellos claros cual brillo solar, tiraba despreocupada de su madre Anabel echando en el carro todo lo que veía interesante: Galletas cubiertas de chocolate, aquel cacao del conejo psicópata, la leche de aquella vaca con la sonrisa extremadamente amplia y cómo no amigos míos... la caja donde ahora residía Trix-32R. Por supuesto Trix era lo suficientemente inteligente como para no dar señales visibles de su inteligencia superior. Se hizo pasar por comida de aquellos alienígenas terrícolas. Le manosearon, agitaron, y le metieron en un cajón oscuro con otros alimentos inferiores. En definitiva, le humillaron más de lo que le habían hecho aquella gente que mataron a sus hermanos 33 y los gemelos 34. Y eso lo pagarían.
            Espero paciente hasta que no percibió actividad humana relevante. Y entonces, empezó su operación. Salió de aquel antro muerto que llamaban cajón y se dirigió rápido al salón. Dónde Adolfo, la cabeza familiar, dormía mientras en la televisión echaban un combate de boxeo. Trix-32R abrió su caja y dejó escapar sus ricos y jugosos copos introduciéndolos despacio en los labios grasientos de Adolfo. Notó, como se los comía, como parte de él empezaba a formar parte de la de aquel humano. Consiguió colarse en su riego sanguíneo y... cambiar sus recuerdos. Pero algo no salió como el Trix esperaba. Anabel entró al salón, con un camisón de dormir y ahogó un grito al verle colarse en el sistema nervioso de su marido. Trix-32R resonó como lo haría una puerta oxidada ante una ráfaga de viento, destruyendo su envoltorio y neutralizando la amenaza improvisada.
            Moratoria se despertó a la mañana siguiente y saludo alegre a sus padres, que estaban desayunando tranquilamente en la mesita redonda del salón. La pequeña buscó los cereales una vez tuvo hecho su bol con leche pero no los encontró.
            -Mamá, ¿Dónde están los cereales?
            -¿Qué cereales cielo?
            -Los que compramos ayer
            -Ayer no compramos cereales cariño
            -Pero si yo...
            -No cielo, no te equivoques, ayer no compramos cereales.

            Un brillo de inteligencia maligna ajena  paso fugaz por los ojos de la madre antes de seguir desayunando tranquilamente. 

jueves, junio 19, 2014

Yrian

        Alto, corpulento y hermoso. Yrian solo era otro guerrero más dentro de la hermandad dónde se encontraba. Era época de saqueos y el Jarl había propuesto volver a saquear los pueblos cristianos de la costa este. Hacía dos estaciones que el pueblo de Yrian había sido liderado por ese mismo Jarl y habían obtenido un gran botín. Todo auguraba que sería de la misma forma. Entrarían, arrasarían con las débiles creencias cristianas, tomando y poseyendo todo lo que se les antojasen. Comida, oro, mujeres... todo lo que se pusiera por delante. Ellos eran vikingos, los hijos de Midgard. Vivían, luchaban y morían para que las valquirias pudieran acoger sus almas en el más allá, al lado del padre Odín. Y aquellos saqueos sería un motivo más morder una de las manzanas de Idunn y elevarlos como a dioses.
        Pero no contaban con la cobardía cristiana. Los pueblos costeros que habían saqueado, ahora estaban escondidos por sólidos muros de madera desde donde se veían fácilmente sus drakkars.  Podían defenderse con aquellas armas a distancia que lanzaban saetas y de las cuales, no dependían por el valor o la fuerza, lo que determinaba el desenlace era mera suerte. Aquella incursión fue desastrosa, muchos de sus hermanos de armas perdieron la vida y el propio Yrian fue herido por una saeta, cerca del corazón. El curandero del Jarl cuando pudo atenderle le dijo que no podía hacer nada por él. Las armas cristianas no mataban directamente, sino que provocaban infecciones que no se podían tratar con los medios de los que disponían en esos momentos. Sin hiervas, ni otros expertos druidas, el curandero del Jarl no podía hacer nada por Yrian.
        Para él, aquello era una deshonra. Un ultraje a su honor. Las valquirias no acogerían su alma ni lo elevarían al Valhala por no haber caído en combate de forma rigurosa. De vuelta a la aldea, no era la herida lo que más le dolía a Yrian, si no su honor y su gloria arrebatada. El nórdico guerrero cada vez estaba más consumido por su herida. Su mujer Hervör, lo miraba con preocupación y pena cada día que pasaba, viendo a su marido más muerto que vivo. Una mañana uno de los sacerdotes de Odín le sugirió que aún si sufría, si aún la infección de la herida no había acabado con él, entonces seguía luchando en la batalla contra los cristianos. Yrian sonrió, podría ascender con los dioses.
        Aquél mismo día, preparó todo, dejando que sus hermanos le hicieran la embarcación. Él por su parte, se limpió el cuerpo, incluida la sucia herida de la flecha. Se despojó de toda la ropa y fue saludando uno a uno a sus hermanos de armas, antes de subirse al Drakkar, donde su mujer le estaba esperando. La herida había vuelto a supurar cuando la embarcación comenzó a flotar sobre las aguas del lago, alejándose del que un día había sido su hogar. Observó todo lo que tenía a su alrededor, sus pertenencias. Su vista se fue posando por todas las cosas que habían tenido algún valor para él. El abrigo de pieles que su padre le regaló cuando marchó del poblado donde se crió. Los cálices de oro con incrustaciones que había conseguido en una de las incursiones que había hecho con el anterior Jarl. A su hermosa mujer, que atenta, limpiaba su herida con dedicación. Sonrió antes de besarla, y decirle lo mucho que la quería. Observó con cariño las armas que le habían acompañado en innumerables batallas. Agarró una de ellas y se puso en pie. Se colocó dando la cara a la orilla donde el pueblo los observaba expectantes. Alzó una de sus hachas y profirió un rugido de batalla que hubiera hecho encoger de miedo a cualquiera de sus enemigos.
        Al instante, una salva de flechas de fuego comenzaron a surcar los cielos en busca de Yrian. La mayoría fallaron, algunas, prendieron fuego en la madera de la nave y una se clavó en su hombro. El vikingo, no sintió dolor, o pena, o tristeza. Su cara mostraba otra cosa. Alegría. Pronto estaría bebiendo hidromiel con los dioses y sus hermanos caídos. Alzó de nuevo su hacha, y volvió a hacer la señal, para que una lluvia de flechas cubrió el cielo con el rojo del fuego, impactando de forma más certera en su objetivo. El rugido de Yrian volvió a sonar una tercera vez, hasta que el fuego purificador ahogo sus grito. El guerrero al fin pudo descansar en paz.