martes, marzo 25, 2014

Sólo soy un perdedor

                 Es lo primero que pienso cuando me paro a pensar seriamente sobre mí. Cada mañana me despierto de un mundo mejor del que estamos y miro mi reflejo viendo todas mis derrotas. Todos mis fracasos, todas mis decepciones. Todas aquellas cosas por las que luché, por las que creí que estaba obrando bien. Gente por la que aposté, gente por la que perdí. Me miro de arriba abajo, aún en ropa interior en el mejor de los casos y no logro verme el atractivo. Un tipo feucho, bajo, peludo, y lleno de cicatrices me devuelve la mirada y esa expresión triste en sus ojos. Esa expresión y esa cara que solo alguien acostumbrado a fracasar podría darte. Pero me fijo mejor. Cicatrices. Veo la gran cicatriz que atraviesa mi cuerpo, enroscándose en mi esternón, arañándolo una serpiente a una presa moribunda que espera su último aliento. Y no puedo otra cosa que sonreír. Pues esa cuándo veo eso no veo todo lo malo que he pasado. No recuerdo el dolor, la pena, la desesperación o la agonía que sólo la muerte es capaz de enseñarte. Veo un triunfo, una superación. Veo el trofeo de mi lucha constante contra la vida. Sigo avanzando, subiendo la mirada hasta darme cuenta que aquél tipo de alma triste ahora posé media sonrisa, mezcla de orgullo y arrogancia. Subo hasta aquellos ojos que cual pozos negros te hunden en la más absoluta negrura. A un abísmo de color ébano dónde podrían perderse hasta los más osados. Una sensación de profundidad, de desolación, de soledad recorre en ese momento mi espina dorsal hasta que veo algo. Una pequeña luz se entrevé al fondo. Un atisbo de un alma combativa se aparece, haciendo que aquello que era negro, ahora sea gris. Qué se torne de un color marrón oscuro que solo las cosas vivas pueden poseer. Y es que incluso en aquello que solemos ver cómo problema, muchas veces viene con una solución al lado que nuestros miedos no nos dejan ver. Observo su rostro. Cicatrices en la frente, de cuando era un crío y se calló de una verja de cabeza contra el suelo. Cicatrices en las muñecas, en el cuello, huellas imborrables de superación constante, de una lucha por un futuro mejor que el pasado que intenta dejar atrás. Y es imposible no volver la vista atrás y encontrarse con el dolor en su estado más puro. En la tristeza, en la desolación. En todas las cosas que el mundo guarda que son capaces de encoger de terror el alma de la persona más valiente. Pero la valentía sólo se demuestra cuando tenemos miedo. Cuándo estamos solos, perdidos y el instinto de supervivencia te sugiere renunciar, rendirte y correr. Huir de todo. Pero es sólo una trampa más que el mundo te pone para que fracases. Eso es sólo el engaño de aquello que parece insuperable, de que te has rendido antes de luchar. Por suerte yo no soy así. Hay una cosa que me caracteriza y quizá sea un poco absurda pero: Soy el guardián de las causas perdidas. Soy el luchador de todo aquello que parece imposible. Pues ya está bien de ver todo negro. Es cierto. Soy un perdedor. Me gusta sentirme solo, pues me siento arropado en la soledad. Sé que no soy el mejor en las cosas que hago. Qué hay mil tipos que hacen las cosas mejor que yo, con mejores oportunidades y esa pizca esencial de suerte que hace triunfar a las personas. Pero soy yo. Quizá sea sólo un hombre pero estoy dispuesto a revelarme contra la vida. Ese ser inconstante y permanente que nos lanza desafíos cada día. Qué nos humille, nos tortura, nos hace bulling cuando nosotros sólo queremos vivir tranquilos. Sí, puede que sea un perdedor, pero soy un perdedor que lucha. Qué se defiende de los abusos constantes que este mundo oscuro nos plantea cada día de nuestra vida. Y ya no sólo lucho por mí. No sólo lucho por el claro egoísmo que la raza humana me hace poseedor. Lucho por todos aquellos que un día apostaron por mí. Por aquellas personas que he decepcionado y decepcionaré. Por los que me quieren, por los que me apoyan y saben que sólo daré mi brazo a torcer cuando esté torcido y moribundo. Lucho por dar ejemplo de que se puede cambiar. Qué se puede luchar y conseguir cosas que a priorí parecían imposibles. Lucho con todo lo que tengo. Con toda la pasión, la fuerza. Con todo mi alma para superar cada adversidad que esta puta vida me pone a mi alrededor. Cada cicatriz, cada herida, cada marca que deja en mi piel mi existencia sólo me recuerda que aún no he ganado la guerra. Qué sólo soy un perdedor más en un mundo lleno de perdedores. Pero hay algo que la vida no sabe, ni se ha dado cuenta. Voy a seguir luchando hasta que mi alma expire. Hasta que mi cuerpo muera. Hasta mi último aliento. Pues, parafraseando al guión de una serie de televisión, esto no es más que la gran lucha entre la luz y la oscuridad. Cuándo elevamos la vista al cielo y vemos todo negro, nos damos cuenta que parece la oscuridad va ganando la batalla. Qué es imposible que la luz venza en ninguno de los casos. Pero si nos quedamos quietos, observando la oscuridad. Nos damos cuenta de que hay más estrellas en el cielo de las que pensábamos. Qué poco a poco el velo negro de la noche es un poco más colorido. Puede que esa lucha dure eternamente, pero a mi forma de ver, son las estrellas las que van ganando.

viernes, marzo 21, 2014

Feliz día de la poesía

              Pues sí amigos, hoy es el día internacional de la poesía y bueno, quiero rendir un homenaje con algo que he escrito para la ocasión. También deciros que la historia del detective Ironclaw se reanudará lo antes posible. Tuve un parón debido a una duda bastante grande sobre el camino a tomar en la parte final de la historia pero ya solucionadas mis dudas en cuanto tenga un poco de tiempo lo escribiré. Ahora os dejo con el poema. Disfrutar:

Balas de fuego, armas de plata;
Todo sirve para daros la lata.
El mundo agoniza, el hombre eterniza;
Nada queda más que cenizas.
Campos etereos, hombres de acero;
Todo es posible con el esmero.
Pero cuando todo enloquece, y desaparece;
La palabra se queda y permanece.

miércoles, marzo 19, 2014

Déjalo...

            Me echas de menos. Lo sabes. Todos estos años que pensabas que me habías vencido, que me habías desterrado de tu vida. Qué iluso fuiste. Iluso y osado. Había veces que pensaste que me habías absorbido. Qué me habías convertido en una parte de tu vida y que hasta podías permitirte el lujo de usarme a tu antojo y beneficio. ¿Me equivoco? Pero la realidad era diferente. Tendiste la mano a otra clase de personas. A otros sentimientos que poco a poco te fueron carcomiendo por dentro. Esa clase de sentimientos a los que ni tú ni yo estamos hechos. Y ahora... mírate. ¡Qué cosa más patética te has convertido! Intentas proteger a gente que dices que te importa sabiendo que jamás podrás protegerlos a todos. Qué no podrás ayudarlos. Qué llegará un momento que ellos mismo sean la causa de su propia destrucción. ¿Y sabes que harás? Te echarás en cara no haber sido mejor. No haber estado ahí para ellos cuando en verdad si estuviste. Te echarás en cara no ser un dios.
            Déjalos. Déjalo. Esa faceta tuya de héroe no va contigo. Jamás podrás protegerlos a todos. Jamás podrás aguantar que se te use a sabiendas de que eres usado. Sabes que en el fondo, no va contigo. Y has superado tu límite varias veces desde que me desterraste. En ese aspecto hasta estoy sorprendido de lo gilipollas que has podido ser. Me decepcionas, cómo has decepcionado a tanta gente que ha tenido el dudoso placer de conocerte. Pero aún así sigues ahí. Luchando a viento y marea. Capeando el temporal malherido, sangrante, y sólo aún estando rodeado de gente. Jamás encontrarás lo que buscas. Y a tu réplica actual. Jamás merecerá la pena. Déjalo. Tanto tú cómo yo sabemos que tienes la sombra de un pasado que se repetirá hasta acabar contigo. ¿Cuántas veces crees que podrás vencerlo? ¿Crees que puedes ganar una guerra de desgaste con el tiempo? ¿Acaso te has vuelto tan necio? Déjalo. Me deseas. Y lo sabes. Sé que quieres lo que te ofrezco. Sé cuál es tu precio y estoy dispuesto a superarlo. Pero ya sabes que quiero a cambio. Y lo quiero sin condiciones. Ya conseguiste derrotarme en el pasado y si vuelves a caer en mis brazos te lo pondré extremadamente difícil para que los abandones otra vez. Olvídate, sé que hiciste cosas imposibles en el pasado. Sé tus hazañas cómo si las hubiera hecho yo mismo pero es hora de que te rindas. Qué pienses con la razón y dejes de sacar fuerzas de ese músculo muerto que tienes tras tu caja torácica. No sirve. Es lo que nos hizo conocernos. Y es hora de que dejes de impulsarte por algo roto.

            Déjalo, y volvamos a ser uno. 

domingo, marzo 02, 2014

Que jodida es la vida...

Es jodido ser escritor, la verdad. O al menos sentirse como tal. No penséis que lo digo a modo de autocompasión, ni nada por el estilo. Simplemente es así. Nosotros tenemos la necesidad, de escribirlo todo, de expresarnos correctamente. Nos sentimos jodidamente impotentes cuando buscamos palabras para una sensación y no logramos captar al 100% esa sensación. Hay muchas cosas que hay que vivirlas para saber de que se hablan y esa es justamente una de nuestras desventajas: la vida. Porqué la vida es muy puta en la mayoría de las ocasiones. Nos arrastra, nos golpea, nos lleva por dónde ella quiere sin darnos explicaciones, muchas veces haciéndonos creer que en verdad somos dueños y señores de nuestro propio destino cuándo en realidad no es así. Nos hace amar, sentir, creer, ilusionarnos para que todo aquello por lo que un día luchábamos se vaya a la mierda. Se desvanezca más allá del tiempo y del espacio. Para separarnos de nuestras metas, para hundirnos y alejarnos de lo que alguna vez anhelábamos. Y creo que no hay nadie en este mundo que me pueda decir sin mentirme que estoy equivocado. Ahora imaginad que estáis pasando por uno de esos momentos en los que sientes demasiadas cosas de las cuales más de la mitad no desearías sentir. Qué estás anhelando algo de cariño, de afecto. Qué necesitas una mano amiga que te mienta diciendo que todo va a ir bien, que las cosas van a mejorar. Unos brazos que te ofrezcan confianza, que te consuelen y te hagan ver que aún dentro del pozo de roña en el que te encuentras, estás agarrado a una cuerda. Que la mierda que casi no te deja respirar no será el fin de tus días. Imaginad que en esos momentos en que apenas puedes ver y pensar con claridad, en que actúas por impulsos llevado por emociones demasiado intensas, tenéis la imperiosa necesidad de escribirlo. De dejar constancia de ello. De transcender. Te olvidas de todo, intentas distanciarte de todo aquello que se te está clavando en la piel y lo analizas. Lo condensas. Lo vuelves a sentir de una forma multiplicada para poder escribir exactamente lo que sientes. Para qué, cuándo otra persona, de forma furtiva o no, lea aquello que estás escribiendo sea capaz de ponerse en tu lugar. De sentir aquello que te impulsó a escribir eso. A transmitirlo con la misma pasión, la misma fuerza, el mismo dolor, rabia, amor, ira, impotencia desesperación... ¡LO QUÉ SEA! Que hizo que te sintieras así y asienta con la cabeza pensando... joder... le entiendo. Lo siento cómo mío. Qué sea capaz ya de eso es un trabajo duro de cojones. Por qué pensar, muchas veces no somos capaces de expresarnos, de hacernos entender con cosas cotidianas y sencillas. ¿Cómo hacemos para transmitir todas esas emociones? Es ahí donde reside la magia del escritor. Ese algo que nos hace diferentes. Porqué, con perdón, todo el mundo puede escribir bien si se lo propone. Nos enseñan para eso. Todos sabemos escribir bien, no cometer faltas, y todas esas cosas. Pero... ¿cuántas personas son capaces de hacernos sentir? ¿De acelerarnos el pulso con unas cuantas palabras? ¿De hacernos llorar con un réquiem o con un monólogo? ¿De enamorarnos con una poesía o con la letra de aquella nuestra canción? La respuesta la tienes en la punta de tu lengua. Aún así... no os recomiendo esta vida. Está llena de desilusiones, de amarguras, de sentimientos demasiado intensos y de momentos poco relevantes. De impotencias cuando quieres contar algo y el folio en blanco te vence la partida. De frustraciones cuando no ves que la inspiración quiera volver a fijarse en ti cada noche. De rabia cuando se te ocurre una gran idea y no tienes un sitio dónde apuntarla, o el empeño de seguir adelante con esa novela, ese libro, esa historia que antaño empañó los cristales de tu día a día. La vida de un escritor es bastante inestable, llena de trampas, de desilusiones, de esperanzas y de puertos que no llevan a ningún fin. En definitiva, es una vida muy puta porque en su gran mayoría, solo son el reflejo de lo que nuestra alma enturbiada esconde.

domingo, febrero 02, 2014

La teoría del odio


            Si no te has dado cuenta, vivimos en un mundo cruel. Un mundo injusto dónde debes joder para ser respetado. El miedo, la ira, la injusticia social reina allá donde vayamos como un astro en el cielo, duro, cruel, e insaciable. Muchos de los que leéis estas líneas estoy seguro que habéis sufrido hace poco. Habéis experimentado en primera persona las cosas que jamás creeríais que sucederían: seres queridos que os acaban de traicionar, personas amadas que dejan de sentir lo mismo que vosotros sentís, acontecimientos en la vida que os joden planes de futuro a los que lleváis aspirando toda la vida. Y estas desagradables experiencias suelen dejar un hueco inmenso en el alma. Algo que entristece nuestra propia existencia solo por el mero hecho de estar ahí. Algo que en muchas ocasiones te va carcomiendo nuestro interior hasta que sin darnos cuenta nos ha sumergido en eso que los médicos llaman depresión.
            Es comprensible intentar rellenar ese vacío con algo. Hay gente que lo puede rellenar de otras cosas. Personas que se hacen adictos a sus trabajos, sus estudios, a todo aquello que les evada de pensar que tienen algo ahí. Algo oscuro, inquebrantable. Algo ponzoñoso que tenemos clavado dentro. Y para muchos, el no pensar en ese agujero les sirve. Pueden seguir con sus vidas tranquilamente, cómo si eso que destroza su ser no existiera. Otras personas intentan rellenar el vació con aquello que ha generado esa rotura. Amor para el desamor. Confianza para la traición. En general, buscar más de lo mismo por si esta vez no sale tan malo. Quizá funcione, quizá no. Depende de la intensidad de lo perdido, del dolor de lo sufrido y de la aportación de aquello nuevo que hemos encontrado. No siempre sirve, pues puede que tu nueva pareja no te llene tanto cómo lo hacía la anterior. Puede que la persona que has depositado tu confianza no tenga el mismo privilegio que la persona que te traiciono. Estas son pues soluciones parciales muchas veces. Parches y tiritas para una herida que no suele cicatrizar.
            Pero hay algo infalible para solucionar todo eso. Algo que llena y reconforta tanto como aquello que se nos fue arrebatado. Ese algo es el odio. Esto puede malinterpretarse, pero déjame que termine. El odio es un sentimiento que puede ser considerado "malo" por todo lo que suele generar. Pero el odio, como cualquier otro sentimiento, puede ser controlado. Y más este odio que generamos de la nada para llenar esos vacios del alma. Al igual que las pilas, cada sentimiento tiene una parte positiva y otra negativa, y lo que suele provocar esas brechas en nuestro interior tienden a ser positivas. El odio es intenso, cálido. Nos hace hervir la sangre, nos reconforta el alma y nos deja obnubilados, apartándonos de los males y centrándonos en un solo objetivo. Condensa lo disperso, focaliza las cosas clave y lo más importante, destruye. Destruye ese clavo ardiente que nos perfora nuestras entrañas. Destruye los antiguos sentimientos que nos hacen daño. Destruye, y aquí está el riesgo. Es más fácil odiar que amar, es más fácil odiar que confiar. Lo difícil es dejar de hacerlo a tiempo, antes de que nos autodestruya convirtiéndose en obsesión. Es arriesgado sabiendo que puedes llegar a odiar eternamente a personas a las que amaste en el pasado pero si logras parar a tiempo. Si consigues darte cuenta que todo eso que estas generando, que el pus y la rabia del odio son solo cosa de tu imaginación, te sentirás reconfortado. La paz y la calma volverán a tu interior y por fin, podrás empezar de nuevo. 

martes, enero 21, 2014

La evolución humana

            La verdad es que las cosas no son como eran antes. Para bien o para mal el mundo cambia. Evoluciona dejando una estela de destrucción, caos y cambio a su paso. Pero... ¿Es eso malo? ¿Es malo seguir evolucionando?
            Mi opinión es que depende. Quizá sea la respuesta más fácil de todas pero es la verdad. Depende sobre todo si la evolución es controlada por nosotros, o nos controla dicha evolución. Pongamos por ejemplo la sociedad actual. Necesito ser optimista con la sociedad actual. Con las personas más jóvenes que yo que les ha tocado vivir esta época tan incierta en la que vivimos. Pero la verdad es que cuando veo a mi alrededor, es poco alentador lo que veo. Me parece ver que una mayoría tiene sueños, ilusiones, esperanzas por mejorar sus vidas. Soñadores atrapados por el cruel yugo que es la vida real. Es cierto que también hay personas que no sueñan, ni creen en nada, ni tienen ilusiones más allá del capitalismo más salvaje al que nos ha conducido la sociedad. Pero este mensaje no va dirigido a aquellos borregos dóciles. Sino a ti, que estás leyendo este mensaje y te sientes... y sientes. A secas. Que puedes sentir que estás de acuerdo, que puedes sentirte de malhumor porque te acabo de insultar o incluso a ti que estás confuso pues no sabes cómo sentirte. El mensaje va a todas aquellas personas que son capaces de soñar. Que tienen metas que piensan irreales en sus mentes y que no luchan cómo deberían por ellas. O directamente que no luchan.
            ¿Qué es el miedo? El miedo es aquello que nos hace fracasar. El miedo es la prudencia hacia lo desconocido. Es esa vocecita aguda que nos pilla en nuestra cabeza, no lo hagas, no te acerques, no. En general el miedo es lo que veo en la mayoría de vosotros. Miedo al fracaso. Miedo al rechazo. Miedo a vivir, a sentir, a dejarse llevar por las emociones, por sueños e ilusiones, por esperanzas. El miedo es uno de los mayores males de nuestra vida. Es aquello que nos impide arriesgarnos por las cosas o por las personas que queremos. Quizá no esté de malo preguntarnos... ¿Cuántas cosas hubieran salido si no hubiéramos tenido miedo? ¿Cuántas parejas ahora mismo tendrían una relación? ¿Cuántos premios nobel se hubieran cambiado porque alguien venció el miedo a estudiar aquello que quería pero que no se veía capaz? ¿Cuántas cosas que desconocemos hubieran salido de la mente de personas ahora anónimas porque superaron el miedo a hacerlas realidad? El mundo sería un lugar diferente si no hubiera un miedo. La gente lucharía por lo que querría y en la mayoría de esos casos saldrían ganando en la lid. Estoy convencido de ello.
            Pero no es el miedo el único de nuestros males. El egoísmo también lo es. No creo que esté mal ser un poco egoístas en esta vida. Pensar por lo que queremos, y luchar por ello sin importar las consecuencias. Eso está claro. Pero si está mal hacerlo sin tener en cuenta a las personas de nuestro alrededor. Está mal cuando pisas a alguien, lo humillas y lo hundes, para salirte con la tuya. La competitividad es sana cuando se juega con las mismas condiciones, sin rencores o tretas ocultas. Pero no suele ser así. Las mascaradas son hoy parte de nuestro día a día. Vamos a un sitio, con un grupo de personas y ponemos una faceta nuestra, inventada o no, pero son a pocas personas a las que se les muestra el conjunto. Los trozos enteros de nuestras máscaras hasta formar el yo que nos define. Y es que lectores, la sociedad actual es individualista a más no poder. Un ejemplo de ello son las fechas de las fiestas. Sobre todo la Navidad Cristiana. ¿Cuántas son las personas que vemos en esas fechas a las que no hemos sido capaces de llamar, enviar un mensaje para preocuparnos por ellos durante todo el año? ¿De verdad alguien va a creer que nos importan? ¿Qué les importamos una mierda? Y es que el individualismo egoísta de la sociedad es más visible en esos momentos, cuando por compromiso, quedas con alguien al que no quieres ver el resto del año. No hay que ayudar esperando algo a cambio, ni hay que hacer las cosas por esperar una recompensa. Debemos evitar hacer algo por la comunidad con el pretexto que la comunidad no hace nada por nosotros. Tampoco cuesta nada enviar un mensaje a esa persona que echas de menos de vez en cuando. Qué no tengas miedo de preocuparte por viejas amistades a las que el tiempo y la distancia jubilaron.
            Pero quizá nos hemos topado con otro de los pilares fundamentales del mal de nuestra sociedad: la sinceridad. Muchas personas hacen las cosas a regañadientes, con mala cara solo por el qué dirán. Porque están obligados a convivir con otras personas con las que no maridan, porque no se atreven a decir que no, a mandar a la mierda a aquellos seres humanos que son molestos. ¿Por qué cuesta tanto decir que no quieres hacer algo? ¿Por qué va a estar mal visto decir o expresar lo que se piensa? Si no soportas a alguien ¿Por qué esta mal decir, no me caes bien? Es otro de los fallos fundamentales de la sociedad, no ser sinceros. Sería todo tan sencillo si la gente fuera con la verdad por delante. Pienso que nuestras vidas mejorarían enormemente. Sabríamos que regalar en cumpleaños y fiestas. Evitaríamos perder el tiempo viendo películas que sabemos de antemano que no nos gustaran solo por ir a acompañado por personas con gustos diferentes a ti. Y podría seguir enumerando cosas que se mejorarían con la sinceridad. No digo todo esto porque tema la mentira, todo lo contrario. Por si aún no te has dado cuenta, querido lector, soy un escritor. Y cómo la mayoría de escritores fundamentamos nuestras historias en cosas que no son verdad, o cuya verdad está a medias. Creamos cosas de la nada, inventamos, damos vida, la arrebatamos, hacemos sufrir a personas por placer. Pero nos gusta. No tenemos que pedir perdón porque todo a lo que dañamos, todo lo creado, todo lo que estás leyendo ahora mismo, es una gran mentira. No obstante, la sinceridad es clave para mejorar la relación entre las personas. Las mentiras están bien, no duelen, muchas veces son invisibles a nuestros ojos pero no puedes actuar contra algo que no existe. Muchas verdades duelen, hacen daño, nos hacen tambalear los pilares de nuestro mundo interior haciendo peligrar gravemente nuestras vidas. Pero son reales, y aún no ha nacido problema que no podamos solucionar.

            Por este tipo de cosas digo que la evolución depende. ¿Quieres seguir evolucionando sin ser consciente de todo lo que pasa a tu alrededor, engañándote con mentiras, atemorizado por el miedo a soñar, absorbido por uno mundo social que solo te usará para mantener vivo un sistema? Adelante, eres libre de hacerlo. Yo por el contrario, sigo chapado a la antigua. Evoluciono a un ritmo diferente, anticuado, dónde los sueños van de la mano de mis acciones. Donde miro antes por los seres que quiero antes que por mí mismo. Una forma de evolución en la que digo lo que pienso sin esperar un comentario de aprobación, una palmadita en la espalda o el incentivo de una retribución económica.  

sábado, enero 04, 2014

Año nuevo...

...cosas viejas. Y efectivamente a veces cuando avanza el tiempo miramos hacia atrás y descubrimos cosas buenas. Y... eso me ha pasado a mi esta noche. Indagando por los baúles de los proyectos que se perdieron un día en mi memoria he rescatado algo que me ha parecido bastante motivante. En principio la historia estaba concebida para que fuera un cortometraje pero... releído y analizado me parece que tiene el potencial para hacer un libro bastante interesante. Trabajaré en él lo que me queda de vacaciones, y en el transcurso de ambos cuatrimestre, donde la magnifica gestión de la universidad nos vuelve a dar casi una quincena sin clase. Pero bueno.. ya se sabe lo que pasa con los propósitos de año nuevo.

De todas formas os pongo lo que escribí en el 2008, la sinopsis del que quizá sea mi siguiente libro:

"Helia, madre vampira de un poderoso clan de no muertos intenta expandir sus dominios a todo el planeta gracias a un artefacto mágico de la era de Cleopatra. Ese amuleto esta en posesión de Anja, una joven maga post-sovietica que impedirá por todos los medios que el amuleto caiga en manos vampíricas. Pero no esta sola, un misterioso cazarrecompensas la seguirá de cerca. ¿Cuál de ellos acabara por poseer la preciada gema y hacerse con el control del plantea?"