jueves, julio 11, 2013
Diario de bitácoras
Y una vez más toca capear el temporal. Permanecer fuertes durante la tormenta y esperar a que cuando salga el Sol, podamos volver a sonreír como antes.
viernes, junio 07, 2013
Una historia de violencia
Y no querido lector, no es que me haya vuelto loco y me
ponga a plagiar películas o hacer comentarios críticos sobre estas, si no que
me ha parecido oportuno titular así esta entrada de opinión.
Lo que
parece un título de coña, es en verdad la conclusión de una reflexión profunda
acerca del panorama de nuestra sociedad actual. Pensarlo fríamente. En nuestra
sociedad actual, la violencia, la brutalidad, el caos y el impacto visual están
a la orden del día. No solo en películas de acción, donde se promueve este tipo
de comportamientos sino en nuestro día a día, con cosas cotidianas como los telediarios.
Cada vez imágenes de violencia innecesaria golpean nuestra retina sin piedad, manteniéndonos
al corriente de la crueldad de la guerra, el drama de la violencia doméstica o simplemente
el procedimiento quirúrgico seguido en ciertos quirófanos punteros de nuestro
país. Y nosotros estamos tan acostumbrado a este tipo de violencia, que ni se
nos quita el apetito. Seguimos comiendo tan campantes nuestros almuerzos,
aperitivos o cenas. Sin apenas pestañear de ese torrente de imágenes que nos
golpean.
Pero
hay amigo, la cosa cambia cuando hablamos de otras cosas más naturales de la
vida, como las muestras de afecto en todos sus sentidos. Y no me refiero solo a
la vertiente pornográfica de todo esto. Todos sabemos que es tabú en nuestra
sociedad las muestras públicas de afecto. Ya sea por concepciones ideológicas
de cualquier tipo, o simplemente porque nos molesta ver felices a nuestros
semejantes. Sí, no me lean así. Porque es cierto. Cuántas veces, por suerte
hasta hace poco tiempo, si iban caminando y dos hombres se besaban se escuchaba
algún comentario despectivo. O si se enteraba de que algún conocido de un
físico no muy envidiable se echaba a una pareja atractiva, se hacía algún
comentario jocoso de desaprobación. Por el contrario, pocas personas se
escandalizarían de la misma forma si dos borrachos comienzas a darse mamporros
a la salida de un bar, o si algún familiar le enseñaba las fotos de la caza que
realizó el fin de semana.
Espero
que con esto, haya hecho reflexionar a algún que otro lector, pues como
reflexión final me atrevo a preguntar en voz alta. ¿Y qué es más natural, la
violencia o el amor?
viernes, mayo 17, 2013
Femme fatale
Hace un mes aproximadamente se celebraba en
Salamanca una serie de congresos de cine y novela negra. Siempre tengo ganas de
ir y pasarme pero entre pitos y flautas nunca acabo pudiendo ir. Pero este año
había algo que realmente era interesante, una categoría de microrrelatos de
novela negra. La verdad es que esta modalidad de escritura nunca me ha llamado
demasiado la atención, aunque prefiero no compartir mi opinión a cerca de dicha
modalidad, si que diré que veía la complejidad de condensar todo lo que implica
novela negra en poco menos de 500 caracteres. Me surgieron bastantes ideas,
pero no conseguía por decantarme por ninguna en concreto. Tras desechar un
microrrelato a mi juicio cómico sobre la brevedad del formato:
"Silencio. Y entonces... ¡Pam!"
Decidí usar algo mítico del genero de la novela
negra: la mujer fatal. Aunque la cosa no obtuvo el resultado deseado, me parece
que quedó algo curioso para ser un microrrelato, que deja mucho a la
imaginación pero que a la vez es conciso y da una imagen mental de la escena:
" Y el sabor de aquellos labios color cayena
supieron diferentes al notar la bala perforándome el estómago, dejándome sin la
posibilidad de saborearlos una vez más."
El ambiente
cargado de humo y traición allá en los años 20. Un detective privado y una
morena de mirada feroz en algún lugar de una de las grandes ciudades del mundo
desarrollado. Intriga, pasión, ahogados por el sonido sordo de un disparo.
¿Sois capaces de percibir la esencia?
martes, febrero 26, 2013
Un nuevo comienzo...
...porque a fin de cuenta, todos los años comenzamos de nuevo.
Por suerte para todos, nuestro bagaje personal nos acompaña, para bien o para
mal. De los errores podemos aprender al igual que de los éxitos podemos
fácilmente convertirlos en errores. Y con esta parafernalia quiero llegar a
decir que a pesar de mis propósitos de este año, veo que vuelvo a dispersarme
en la realidad de mi existencia. Por lo que veo un error querido lector. Ya
seas alguien aficionado a la buena lectura como un amante del divertimento
sexual, mereces que te tenga actualizado con mi obra. No obstante, en estos
meses no he estado parado. He buscado formas de mantenerme activo aunque por
desgracia, al margen de este blog. Tengo pensado participar en algunos
concursos y proyectos a corto y largo plazo. Entre ellos tengo varios libros
rondando en la cabeza. Al que más ganas tengo es uno nuevo, de estética
futurista que mezcla toques de ciencia ficción junto con crítica social. Os
dejo una posible sinopsis del libro:
" Es el año 2332. La humanidad ha alcanzado un gran
punto de desarrollo tecnológico. Gracias a implantes cerebrales, una persona
puede procesar como una máquina, analizar datos complejos en pocos segundos,
conectarse a internet, recibir información de aquello que busca en tan solo un
pestañeo. El futuro y supremacía de la especie están garantizados... siempre y
cuando se tenga dinero suficiente para pagarlos. Erick está en esa situación de no poder
disfrutar de los avances del futuro. El joven, de familia humilde, tiene que
lidiar con la dificultad que supone no quedarse atrás con la gente de su edad
cuyas mejoras tecnológicas les facilitan el trabajo, junto con el peso moral de
ser el cabeza de familia tras el fallecimiento de su padre no hace más de un
año. ¿Será capaz cambiar su incierto
futuro y salir adelante en un mundo que le es hostil?"
lunes, diciembre 24, 2012
Salvator Puppis o qué paso realmente el día del fin del mundo
Efectivamente
queridos lectores, se que alguno de ustedes aún se preguntan por qué no se
cumplieron sus expectativas hacia el afamado fin del mundo. El día 21 de
diciembre, día anunciado como final inexorable de todos nuestros males no fue sino
un viernes como otro cualquiera. Seguimos yendo a trabajar, escuelas, trabajo,
soportar a los mismos cretinos, atascos. En fin, la misma rutina de siempre.
Tengo
que confesaros una cosa amigos míos. Yo tuve la culpa de todo. Hay gente que
culpa a los recortes del Gobierno que hicieron suspender la llegada del
advenimiento. Otros culpan al efecto 2000 de la maquinaria extraterrestre
invasora, que los retrasará unos cuantos siglos más, por el contrario hay gente
más partidaria de Nostradamus que hasta que no vea a su Papa negro no piensa en
un fin para todos. Da igual, todos se equivocan pues yo fui el responsable de
tal calamidad.
Todo
comenzó la madrugada del 20 al 21. Había tenido un sueño inquieto cuya trama no
viene a cuento. Necesitaba despejarme un poco antes de volver a la cama, así
pues decidí ir a tomar un refrescante vaso de agua. Para todos aquellos que no hayáis
tenido el placer de estar en mi morada. Mi habitación se comunica a un largo
pasillo, y el pasillo comunica a otras habitaciones, entre ellas la cocina. Entre
ellas hay varias puertas que comunican a otras cuantas habitaciones. Ya que
todos tenemos un escenario, falta poner en marcha los hechos. Serían las 2 de
la mañana cuando me levante inquieto y me dispuse a ir hacia la cocina, situada
en uno de los extremos del ya mencionado pasillo cuando un hedor llamo mi
atención. No vivo solo, y al ver la puerta del servicio con luz y medio abierta,
decidí acercarme a hacer un comentario jocoso acerca de las malas tripas de la
persona malafortunada que estuviera generando ese olor a puro azufre insoportable
para el olfato.
Cual
fue mi sorpresa al entreabrir la puerta de no encontrarme con ninguno de los
inquilinos de mi casa, sino con una cara conocida. En aquel momento que le
miré, tenía la cara contraída del esfuerzo y los brazos apretándose las
rodillas, haciendo fuerza. Era una situación cómica, si tenemos en cuenta su
cara de de oveja y su musculado cuerpo rojizo. La cola en forma de saeta sobresalía
de la taza del váter zigzageando suavemente, como intentando evadir aquel hedor
que ni en los antiguos fumaderos de opio podría encontrarse.
"-Pero... Pero... ¿Quién tenemos cagando en mi
propiedad? Es el mismisimo Belcebubu- Dije con un tono jocoso, pues a pesar
de que el holor estaba consiguiendo que no parara de parpadear, la situación
graciosa era inegable.
- Para ti Mr Lucifer, Jv- Dijo con su tono
gutural, entrecortado por el esfuerzo."
Observé
la estancia, con un poco de detenimiento. Dentro de la ducha estaba su alargado
tridente, que medía como dos yo, aproximadamente. Si no sabes cuánto mido,
quizá te hayas equivocado de blog al que leer. Sea como sea, no voy a seguir describiendo el
tridente, ni la forma extraña en la que ocupaba mi bañera. Volví a mirarlo para
observar que restos negros de ceniza estaban esparcidos por el suelo. No pude
evitar refunfuñar pensando quien sería el guapo que le tocaría limpiar todo
aquello.
"-¿Y qué te trae por aquí? ¿Querías
echarme algo más de mierda encima?- Comenté en el mismo tono, observando su
reacción. Ante seres como estos, es mejor no perder un ápice de atención, pues
tienen mucho a mentir cuando hablan y no es bueno fiarse de todo lo que dicen.
-¿Acaso no te has enterado de que día es? Es
el día del fin....-Se tuvo que callar pues acto seguido un sonoro plof,
indicaba que el diablo tenía una cosa menos que preocuparse.
-Si... si... algo he escuchado. ¿Eres tu el
encargado de intentarnos matar?
-De mataros, más bien- Belce, me miró de
mala gana, dejando que una pequeña llamarada saliera de sus ojos y se
difuminara en el aire, con brusquedad.- En
cuanto termine empezaré por mataros a ti y a tu familia.
-Ya claro... -Dije sin mucha
fe. No era la primera vez que otros seres no mortales amenazaban con matarme, por
lo que ya era completa rutina este tipo de amenazas. Preferí no preguntar la
forma en la que exterminaría naciones enteras antes del amanecer, pues estaba
claro que la respuesta la tenía debajo de la cola.
-Eres un descarado... Hay gente que me teme,
otra mucha me adora. Has visto como ganaba almas de adeptos con mis
transacciones comerciales.- Dijo a forma de expliación, buscando papel para
limpiarse. -No entiendo que te hace dudar
de mi capacidad, o la de cualquier otro con mi poder. Escuche que tampoco
aceptaste un trato del que es tres.
-No acepto tratos en los que no saque partido
claro sobre algo o alguien, cosa que también vosotros pensáis de la misma
forma.- En ese momento me doy cuenta que no han repuesto el rollo de papel.
Alguien, como es costumbre, se gastó el rollo de papel y no fue capaz de
molestarse en cambiarlo. Tuve que ocultar mi sonrisa y el posterior carcajeo,
pues no convenía reirse de los "invitados".
-Tráeme un rollo, vamos.- Inquirió Bubu
con un tono más amenazante de lo normal.
-Na, yo iba a la cocina, los rollos de papel
no me pillan de camino. Lo siento pero...-No pude terminar la frase pues de
los labios de la Bestia salió una oferta.
-Traeló y negociaremos. -Dijo atusándose
la perilla de chivo con delicadeza. Fue algo extraño pues parecía no darse
cuenta que estaba en mi servicio, con los pantalones bajados, atusándose la
barba como si aún conservara algo de dignidad.
-Para negociar hay que tener algo con lo que
negociar. Y ya sabes que no dispones de lo que quiero. Así pues... -Otra
vez fui interceptado por la voz grave del señor del abismo, imperiosa y
demandante.
-Te concederé lo que pidas que esté a mi
mano, pero tráeme ya un jodido rollo- Dijo resoplando, impaciente.
-No dispones ahora en tu mano un rollo-
Dije a modo de broma, pero al ver la expresión de la Bestia decidí ir a por el
rollo. Parecía que a pesar de su fama, era un tipo de buen estar, elegante y
limpio, a pesar de ser medio cabra. Cosa extraña, pero yo no era quien para
juzgar a un ente como él. Llegue y jugué con el rollo entre mis manos, para
mirarle y decirle firmemente. - Detén el
fin del mundo.
-Eso es imposible mortal. Lleva programado
muchos eones, y debo cumplir mi comentido. -Dijo cruzándose de brazos.
-Es eso, o tener el culo manchado. Tu piénsalo.
¿Qué es más importante un poco de mala reputación por no cumplir un encargo, o
la mala fama y las risas de no haberte limpiado el culo? A mí me da igual,
puedes matar a todos los débiles que quieras con el culo manchado de mierda,
pero quizá cuando vuelvas a casa, no te haga tanta gracia separarte los
pelillos del pompis de la mierda de la caca.
- Pero... -El diablo pensó y tras un
tiempo discurriendo, soltó un sonido extraño que solo los cabraparlantes
hubieran podido descifrar, pero por la expresión de la cara era claramente algo
que no le gustaba al señor del infierno. - Esta
bien, no os mataré, sucios y apestosos humanos. A fin de cuenta, vuestra
avaricia y codicida, sumado a vuestras ansias de poder acabará por
autodestruiros a todos.
-Toma y calla -Le dije con
la esperanza que parasé de hablar. "
Y tras
una gran cortina de humo y polvo, y una risa inquietante en una frecuencia
auditiva poco audible, se marchó de mi vista, dejándome el mal olor metido en
las narices y en mi pequeño cuarto de baño. Suspiré abriendo la ventana para
ventilar aquello. Me tapé la nariz para mirar, como pequeñas bolitas marrones
aún estaban dentro del wc. Maldije la estampa de aquella criatura vil. Se había
vengado de aquella forma ruin de mi.
Y tras
tirar de la cadena, me di cuenta de que... os había salvado el culo a todos.
miércoles, noviembre 21, 2012
Amarga dulzura
Hacía tiempo que deambulaba sin rumbo. Tiempo atrás había perdido la vida que un día le había llenado y tras jugar su esperanza en una partida de poker pasaba noche tras noche intentando llenar ese vacío con vasos y vasos de Whisky.
Pensaba que poco a poco podría acostumbrarse a la corrosión que el alcohol generaba en su interior pero no era así. Era una ilusión más como todas aquellas que intentaban transmitirle todos esos eslóganes que lanzaban desde el televisor, la radio, o incluso en mitad de la calle. Calles que para él se habían vuelto hostiles y grises una vez que pudo abrir los ojos a la cruda realidad.
Pero un día vio la luz en la barra de un bar. Allí estaba ella, con la única compañía de un Gin Tonic. Su larga melena rizada parecía esculpida directamente en caoba, mientras que sus ojos claros invitaban a darse un baño por ellos. Fue entonces cuando se fijo en sus labios. Finos, sensuales, con aquel matiz del rojo que llamaba a la pasión. Una sonrisa de aquellos labios fuere una bengala en su cielo sin estrellas. No tardó en acercarse a la chica, invitarla a una copa, y tras horas hablando, acabó bajo las redes de su sabana, envuelto con tela y carne.
Un faro se iluminaba a lo lejos para él. Aquella mujer estaba cambiando su vida. Las calles recuperaban poco a poco matices de color. Un color mezcla de marrones, azules y rojos. Colores que le recordaban a ella. Volvía a percibir la belleza de la vida, la simplicidad de la naturaleza e incluso la inocencia de la niñez. En cambio, no fue capaz de ver unos negros hilos que empezaban a salir de cada una de sus extremidades. Hilos finos, pero fuertes, como la tela de la araña. Una araña con un hermoso cuerpo de mujer. No pudo ver como poco a poco le costaba llegar a fin de mes ya que se gastaba su dinero en ella, ni la de noches que pasaba con "amigos" diferentes a él. No pudo ver como su rol de desdichado poco a poco se convertía en el de presa. Para él solo existía ella. La ternura del tacto de su piel desnuda. El dulce sabor del veneno de sus labios.
Un día ella se cansó de él y decidió terminar con aquello. No supo ver que su cuerpo de marioneta caía al suelo con brusquedad, al romperse las ataduras del armazón de madera que le puso en pie. Su alma se rompía en mil pedazos que salían disparados en todas direcciones de su vida, mientras que su corazón, se aceleraba hasta tal punto de no poder seguir con aquello, renunciando mediante el infarto a seguir sufriendo más aquella vida de penurias.
Pensaba que poco a poco podría acostumbrarse a la corrosión que el alcohol generaba en su interior pero no era así. Era una ilusión más como todas aquellas que intentaban transmitirle todos esos eslóganes que lanzaban desde el televisor, la radio, o incluso en mitad de la calle. Calles que para él se habían vuelto hostiles y grises una vez que pudo abrir los ojos a la cruda realidad.
Pero un día vio la luz en la barra de un bar. Allí estaba ella, con la única compañía de un Gin Tonic. Su larga melena rizada parecía esculpida directamente en caoba, mientras que sus ojos claros invitaban a darse un baño por ellos. Fue entonces cuando se fijo en sus labios. Finos, sensuales, con aquel matiz del rojo que llamaba a la pasión. Una sonrisa de aquellos labios fuere una bengala en su cielo sin estrellas. No tardó en acercarse a la chica, invitarla a una copa, y tras horas hablando, acabó bajo las redes de su sabana, envuelto con tela y carne.
Un faro se iluminaba a lo lejos para él. Aquella mujer estaba cambiando su vida. Las calles recuperaban poco a poco matices de color. Un color mezcla de marrones, azules y rojos. Colores que le recordaban a ella. Volvía a percibir la belleza de la vida, la simplicidad de la naturaleza e incluso la inocencia de la niñez. En cambio, no fue capaz de ver unos negros hilos que empezaban a salir de cada una de sus extremidades. Hilos finos, pero fuertes, como la tela de la araña. Una araña con un hermoso cuerpo de mujer. No pudo ver como poco a poco le costaba llegar a fin de mes ya que se gastaba su dinero en ella, ni la de noches que pasaba con "amigos" diferentes a él. No pudo ver como su rol de desdichado poco a poco se convertía en el de presa. Para él solo existía ella. La ternura del tacto de su piel desnuda. El dulce sabor del veneno de sus labios.
Un día ella se cansó de él y decidió terminar con aquello. No supo ver que su cuerpo de marioneta caía al suelo con brusquedad, al romperse las ataduras del armazón de madera que le puso en pie. Su alma se rompía en mil pedazos que salían disparados en todas direcciones de su vida, mientras que su corazón, se aceleraba hasta tal punto de no poder seguir con aquello, renunciando mediante el infarto a seguir sufriendo más aquella vida de penurias.
miércoles, abril 25, 2012
Bienvenidos a la cruda realidad.
El la miró. Hacía un tiempo que no congeniaban demasiado y el enfrentamiento se veía inminente. El no era muy agraciado, de hecho la mayoría de las personas de su alrededor le solían mirar sin disimular el desagrado que les generaba. Rudo, sistemático hasta el punto de llegar a cansar al poco de estar con él. Ella sin embargo era hermosa, y eso no lo discutían hasta sus enemigas más acérrimas. Sutil, elegante e imprevisible. Dejaba una amplia sonrisa en todo aquel que se fijaba en ella. Una de esas sonrisas estúpidas que cuesta borrar de la cara.
Quizás por eso él fue a enfrentarse a ella. Por envidia, porque jamás mostro el más mínimo interés por él. Discutieron, unos cuantos minutos infernales de los cuales parecían que el infierno salía de sus bocas, lanzando truenos y relámpagos con sus respectivas lenguas. Pero pronto él se quedo sin argumentos, y al no poder defenderse saco un arma de fuego. Una burda pistola que aún conservaba el polvo del paso del tiempo en ella. Sin miramientos, él la apunto y disparó. Hubiera llegado a ser una catástrofe si ella no hubiera tenido buenos reflejos. Aparto sé a un lado e intento una ofensiva. Pero el siguió disparando. Sin cuartel, sin piedad, sin nada que perder. Hasta siete disparos resonaron marcando el ritmo en que ella esquivaba las balas. El lanzó la pistola al suelo con frustración al rompérsele los planes: se había quedado sin balas.
Ella sonrío, era el momento de que atacara. De una de sus mangas salió disparado un florete a su mano. Empezó a hacer suaves cortes en su piel, desaliñando el aspecto de mojigato que solía llevar. Empezó a perseguirle, pinchándole en el trasero, mientras el resto no podía dejar de mirar, divertidos. Parecía que ella tenía el control de la situación, y quería que algo dramático que podría haber sido su muerte, fuera olvidado por risas y anécdotas para el resto.
El acabo por los suelos. Sucio. Humillado. Con la ropa echa girones y el cuerpo lleno de barro. Azotado por ella como si fuera mejor que él. No podía consentirlo. Tenía que parar las risas del resto de la gente que por norma general no escuchaba, y menos en público. Jamás sobre él. Alargo sus manos hasta agarrar el gordo cañón de su pistola. Y se levantó como pudo. La miro desafiante, mientras que una lluvia de risas caía sobre su él. Levantó el brazo. Firme, seguro, y lo bajo con fuerza, contundente, sin dudar. Ella no se esperaba algo tan simple e intentó protegerse como pudo. Pero el mango del arma de fuego rompió el delicado filo del arma blanca para irse a estrellar contra la hermosa cabeza de la joven. Eso paso una, dos, tres veces y las risas empezaron a apagarse. Cuatro, cinco, seis veces, y nadie se atrevía ni a respirar. Al séptimo golpe, el cráneo una vez hermoso de la joven se abrió, dejando aflorar aquello que guardaba en su interior. Esparciéndolo por el suelo de manera generosa.
Y así es como la monotonía, venció a la imaginación.
Quizás por eso él fue a enfrentarse a ella. Por envidia, porque jamás mostro el más mínimo interés por él. Discutieron, unos cuantos minutos infernales de los cuales parecían que el infierno salía de sus bocas, lanzando truenos y relámpagos con sus respectivas lenguas. Pero pronto él se quedo sin argumentos, y al no poder defenderse saco un arma de fuego. Una burda pistola que aún conservaba el polvo del paso del tiempo en ella. Sin miramientos, él la apunto y disparó. Hubiera llegado a ser una catástrofe si ella no hubiera tenido buenos reflejos. Aparto sé a un lado e intento una ofensiva. Pero el siguió disparando. Sin cuartel, sin piedad, sin nada que perder. Hasta siete disparos resonaron marcando el ritmo en que ella esquivaba las balas. El lanzó la pistola al suelo con frustración al rompérsele los planes: se había quedado sin balas.
Ella sonrío, era el momento de que atacara. De una de sus mangas salió disparado un florete a su mano. Empezó a hacer suaves cortes en su piel, desaliñando el aspecto de mojigato que solía llevar. Empezó a perseguirle, pinchándole en el trasero, mientras el resto no podía dejar de mirar, divertidos. Parecía que ella tenía el control de la situación, y quería que algo dramático que podría haber sido su muerte, fuera olvidado por risas y anécdotas para el resto.
El acabo por los suelos. Sucio. Humillado. Con la ropa echa girones y el cuerpo lleno de barro. Azotado por ella como si fuera mejor que él. No podía consentirlo. Tenía que parar las risas del resto de la gente que por norma general no escuchaba, y menos en público. Jamás sobre él. Alargo sus manos hasta agarrar el gordo cañón de su pistola. Y se levantó como pudo. La miro desafiante, mientras que una lluvia de risas caía sobre su él. Levantó el brazo. Firme, seguro, y lo bajo con fuerza, contundente, sin dudar. Ella no se esperaba algo tan simple e intentó protegerse como pudo. Pero el mango del arma de fuego rompió el delicado filo del arma blanca para irse a estrellar contra la hermosa cabeza de la joven. Eso paso una, dos, tres veces y las risas empezaron a apagarse. Cuatro, cinco, seis veces, y nadie se atrevía ni a respirar. Al séptimo golpe, el cráneo una vez hermoso de la joven se abrió, dejando aflorar aquello que guardaba en su interior. Esparciéndolo por el suelo de manera generosa.
Y así es como la monotonía, venció a la imaginación.
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